Hace
mucho tiempo por las calles de Bejuma, en uno de esos días cuando la brisa
sopla intensamente, de pronto me encontré con un papagayo que cabeceaba de lado
a lado pues le faltaba algo de cola.
Ese papagayo se llamaba José Luis y tenía unas ganas enormes
de querer volar hasta lo más alto del mundo. –Cálmate muchacho!!!, mira que
para poder volar alto, lo primero que tienes que hacer es alargar tu cola y
listo- le dije yo con la certeza que tiene alguien que ha hecho muchos
papagayos en su vida.
El papagayo entonces me miró y me dijo- Tranquilo, ya
entendí- y sin más se alejó y comenzó a buscar como alargar su cola para volar
alto y sereno por los aires vallealtínos.
Al poco tiempo lo volví a ver allá en Montalbán, y me contó
que estaba siguiendo mis consejos y que ya tenía guardado, algunos recortes de
cuentos, teatro, mimos, títeres, música, danzas, monólogos y performance. Y que
solo faltaba ordenarlos para poder alargar su cola de una vez por todas,
Así que un día entre muchos hacedores de papagayos comenzamos
a ordenar aquella cola y cuando estuvo lista, nuestro amigo papagayo comenzó a
elevarse alto y sereno, no solo por los valles altos sino por muchos rincones
de nuestra tierra Venezuela
Otro día y por pura casualidad me lo encontré en Valencia,
estaba muy mugroso pero también muy contento y entonces me aclaró –Tranquilo
Pío, esto es solo arte, cuando termine, volveré a lucir mis colores radiantes
de siempre- y así fue, gracias a dios.
En otra oportunidad me lo encontré en Miranda, y por fin
estaba volando alto, así como él quería y al verme me dio un abrazo y me dijo-
Gracias amigo, por tus consejos y los consejos de otros hacedores de papagayos
hoy estoy volando alto, sereno y radiante- y yo solo le dije -tranquilo para
eso estamos, eso sí, ten cuidado que a veces la brisa sopla más fuerte de lo
debido y eso es peligroso.
Ha pasado un tiempo pero ayer volví a Miranda y mientras
caminaba por sus calles de pronto me encontré con Juan Carlos Pinto, Juan
Carlos López, José Gregorio Rodríguez, Chiche, Ángel Román y otros amigos
papagayeros que con pedazos de cordel, veradas rotas y trozos de papel en la
mano, me dieron la terrible noticia- Pío. A José Luis, el papagayo que le faltaba
cola, hace poco, se le reventó el cordel y sin más se ha ido para siempre-
Entonces las lagrimas llenaron de silencio aquel momento,
Lo curioso es que esta mañana, el Peñuzco amaneció repleto
de papagayos y todos pero todos volaban en recuerdo de José Luis, el papagayo
que le faltaba cola, pero que después con empeño y dedicación voló alto, muy
alto. Y hoy es una estrella que alumbra el camino de todo los soñadores de
sueños del mundo.
Cuento escrito por mi amigo Robinson Dávila "Pio Lara", en diciembre de 2010. En memoria de José Luis Rodríguez Ochoa (+10/12/2010), teatrero, payaso, cuenta cuentos, poeta, músico que anduvo por estos Valles Altos de Carabobo
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