“Denme
media docenas de niños y haré de ellos lo que quiera
independientemente de sus inclinaciones innatas.” Watson
A mediados de los
años ochenta, varios países latinoamericanos, además de los
Estados Unidos de América fueron invadidos por una serie de
barajitas auto adhesivas que eran compradas por niños y jóvenes
colecionistas. Estas barajitas fueron conocidas en Venezuela como
“Los Niños de la Basura”, y en otros países como “Basuritas”,
“La Pandilla Basura” y Garbage Pail Kids, entre otros nombres.
Eran imágenes
grotescas de “niños” que se infligían algún tipo de daño a sí
mismos. Había uno de ellos introduciendo la pierna en un molino de
carne y procediendo a activar el mecanismo. En muchos países
prohibieron la venta de estas imágenes. Se llegó a decir inclusive
que estaban impregnadas de algún tipo de droga. En Venezuela las
instituciones educativas se opusieron a su compra y sin embargo la
empresa tuvo record de ventas, llegando a sacar unos 1200 modelos
distintos.
Ésta no es la única
vez que la población infantil es víctima de técnicas de mercadeo
bien dirigidas. A mediados de los años noventa hubo una euforia
infantil por la compra de pistolas de juguete. Estas armas estaban
hechas con gran similitud a las originales y además disparaban unos
pequeños balines de plástico disponibles en cualquier
establecimiento comercial. En esta oportunidad las instituciones
educativas prohibieron la entrada a las escuelas de este tipo de
“juguetes”.
Ni hablar de los
juegos de videos como “Visit City” o “San Andrés” en los
cuales la meta es robar el mejor carro y evitar ser atrapado cuando
te avista la policía. Qué decir de esos juegos en primera persona
donde el niño empuña un arma para matar a todo el que se le
atraviese en el camino para salvar su vida como en el conocido
“Counter Strike”.
Por si fuera poco,
los niños, niñas y jóvenes son el objetivo de muchas empresas de
manufactura y distribución de licores. Bebidas con cuarenta grados
de alcohol como el Vodka ahora se venden con aroma a frutas y colores
llamativos que le dan una apariencia y fragancia de “chuchería”,
llegando a las manos y a las bocas de los pequeños. Muchas empresas
ven en ellos un potencial consumidor de cualquier cosa y en el marco
del capitalismo las ganancias se estiman en función de la utilidad
monetaria sin importar el perjuicio que pudieran causar desde el
punto de vista social.
La mano invisible
del mercado empuja a nuestros niños y jóvenes a ser hombres y
mujeres antes de tiempo. Así una niña de cuatro años se viste
igual que una mujer de veinte. Esa misma niña escucha y baila las
mismas canciones que una adulta joven. (Con mensajes de amor, sexo
despecho, venganza, etc.) Ya no suenan en la radio canciones como las
de Enrique y Ana, Cepillin y hasta del singular Popy; que contenían
temáticas especificas para los chicos.
Armas de juguete,
colecciones que degradan la imagen personal y los valores sociales,
juegos que los introducen al mundo de la delincuencia (al menos en un
plano psíquico), programas de televisión cargados de invitaciones
al sexo prematuro, a la delincuencia, la despreocupación, el
desenfreno. Puede que si usted busca las imágenes de las barajitas
de “Los Niños de la Basura” en internet ya no las vea tan
grotescas. Esa es la principal prueba de que el sistema ha estado
deshumanizándonos hasta el punto de que perdemos la capacidad de
percibir y diferenciar lo bueno de lo malo.
Licdo. José Gregorio Rodríguez
Publicado en el Periódico Regional Dicho y Hecho en el año 2011
