La semana pasada me
tocó brindar a algunos estudiantes de turismo de la UNEFA un
conversatorio acerca de la animación y la recreación, a solicitud
de mi amiga Jenny Sánchez, quien es profesora en esa institución.
Lo cierto es que tuve que desempolvar y repensar ciertos conceptos
que estaban bien guardados pero que fueron parte de mi formación por
allá en los años noventa.
La primera vez
que escuche, por lo menos conscientemente, la palabra animación
venía acompañada por el adjetivo “sociocultural”. Este término
se lo escuché al amigo Reyes Olivares, que en ese momento era
funcionario de Consejo Nacional de la Cultura (CoNac). Él trataba de
explicarnos a un grupo de jóvenes acerca del trabajo voluntario que
veníamos realizando en las comunidades a veces de manera muy
espontánea y otras con cierto nivel de organización.
En esa época (hace
más de veinte años), visitábamos a las comunidades, sobre todo a
las rurales y a las de mayor necesidad e impulsábamos la
organización y realización de actividades culturales. No consistía
solo en llevarles una función de títeres, teatro o cuenta cuentos,
sino que a partir de la captación de habitantes de esos espacios que
manifestaban su preocupación por los niños y jóvenes se generaban
proyectos interesantes que apuntaban hacia la participación integral
de los individuos.
El amigo Reyes
Olivares con su técnica del “papelografo” trató de convencernos
de la necesidad de sistematizar y conceptualizar todo lo que
hacíamos. Además de ello trató de que comprendiéramos la magnitud
del trabajo que hacíamos, pero creo que no tuvimos la madurez para
asimilar la teoría de lo que la juventud nos impulsaba a hacer.
Hoy en día existe
mucho material colgado en páginas dedicadas a este tema. La UNESCO
se refiera a ella como “el conjunto de prácticas sociales que
tienen como finalidad estimular la iniciativa y la participación de
las comunidades en el proceso de su propio desarrollo y en la
dinámica global de la vida sociopolítica en la que está
integrada.”
Si los gobiernos
locales entendieran la necesidad de formar animadores socioculturales
para empujar el desarrollo de las localidades desde el seno mismo de
las comunidades y producir los cambios necesarios se daría un gran
paso en la prevención de las enfermedades sociales como el
alcoholismo y la delincuencia, entre otras.
Es importante la
animación sociocultural porque promueve la consolidación de la
identidad cultural de las personas, plantea la recuperación de la
historia, los valores, las prácticas y los elementos culturales que
dan sentido y significado a los grupos sociales, promueve la
organización comunitaria y genera nuevos productos culturales.
Si usted es un
sujeto dinámico, que motiva a los grupos respetando las ideas de los
demás, si es capaz de generar reacciones positivas a partir de las
acciones que promueve, si toma la iniciativa y anima con el ejemplo,
si motiva a los demás hacia los cambios necesarios, si valora y hace
aflorar las potencialidades de quienes lo rodean, si es usted una
especie de guía a quienes las demás personas siguen para lograr un
fin colectivo…probablemente usted sea un animador sociocultural y
no lo sepa.
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