Hace algún tiempo
tenía un amigo que hablaba el español con cierta dificultad, por
ser su lengua materna el hindi y su segunda lengua el inglés. Este
amigo un día me pidió que le ayudara a escribir una carta para su
enamorada. Su gran problema era, en primer lugar que no sabía
escribir en español y en segundo lugar que se sentía muy limitado
en el lenguaje para poder expresarse, así que me pidió que
intentara traducir lo que él me decía en inglés. Como no hablo muy
bien el inglés tuve que inventar algunas cosas. Al finalizar, mi
amigo concluyó que el español era un idioma hermoso porque se
pueden decir tantas cosas que no se pueden expresas en inglés.
Nuestro idioma
tiene muchas particularidades, entre ellas que con una sola palabra
te puedes referir a muchas realidades y al mismo tiempo existen
muchas palabras para referirse a una sola cosa, sinónimos que tienen
apenas pequeñas variaciones del significado. Pablo Neruda hablando
sobre él y haciendo referencia a los conquistadores españoles dijo
“se llevaron el oro y nos dejaron el oro”.
Podemos conocer a
las personas a través de la lengua, de lo que expresa y cómo lo
expresa. Podemos conocer sus intenciones, sus características
culturales e inclusive la región de donde proviene. La forma en la
que realizamos nuestra lengua, el habla, es nuestra carta de
presentación y nos permite establecer buenas o pésimas relaciones
con nuestro entorno.
Durante la niñez,
en el proceso de vinculación del individuo con su lengua, es muy
importante el juego. Tanto en la escuela como en el hogar los niños
y niñas se divierten con pequeñas rimas, adivinanzas, retahílas y
trabalenguas que endulzan las actividades del día. Estos pequeños
juegos cumplen la función de vincular a los niños y niñas, de
manera significativa, no solo con el valor comunicativo del lenguaje
sino también con un valor estético. Por esa vía, además, le
abrimos paso a la literatura. Que el niño comience a construir (no
necesariamente de manera escrita) sus propias adivinanzas, sus
trabalenguas, sus primeras rimas lo coloca más cerca de la poesía,
del cuento, de la fábula.
La sopa de letras,
dameros y crucigramas, ya con un nivel mayor de complejidad, le
permiten conocer nuevas palabras y llegar al concepto a partir de una
definición o viceversa. La construcción de acrónimos los
estimulará a escribir, a crear, los inducirá además a reconocer el
verso y el ritmo.
No importa la edad,
continuamente estamos jugando con la lengua, hacemos chistes, decimos
frases de doble sentido, hacemos comparaciones y metáforas
espontáneamente. Algunos libros interesantes en los que se puede
notar ese juego gracioso con nuestra lengua española son “Humor y
Amor” de Aquiles Nazoa, “El Baúl de los Reconcomios” escrito
por Otrova Gomas y el “Diccionaurio Analfabético” de José Lenín
Sánchez. Si lo prefiere puede buscar algunos videos del conocido
grupo argentino llamado Less Luthiers que mezcla la música, la
actuación y el humor.
Más sencillo
todavía, puede leer los clasificados de los periódicos, en donde
encontrará pequeños textos al estilo: “se venden zapatos para
niños de goma” o “se busca habitación para alquilar a
señoritas”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario