El
trabajo cultural dentro de las instituciones educativas es
responsabilidad de todos, en consecuencia, todos debemos generar
actividades culturales en nuestros espacios. No solo eso, debemos
reconocer y entender los elementos culturales que en una comunidad
moldean una conducta. De esta manera podemos trabajar sobre ello.
Debemos de una vez trascender el “eventismo” de las escuelas. Las
actividades deben ir más allá del mero cumplimiento de las tareas.
Bien
claras son las propuestas de trabajo expresadas por el Ministro
Hector Rodríguez a través de las líneas orientadoras entregadas a
las instituciones educativas en el mes de septiembre. Las mismas son
además las acciones a través de las cuales se pretende transformar
la dinámica cotidiana de las instituciones educativas en función de
la calidad educativa. Sin embargo, a estas alturas, en el último
lapso del periodo escolar son muchos los docentes que no se han
tomado en serio la tarea de leer e interpretar, mucho menos poner en
práctica las mencionadas líneas.
El
trabajo artístico y cultural en las instituciones educativas ha sido
menospreciado por mucho tiempo, pero esto es apenas un reflejo social
ya que en la comunidad el teatro y el resto de las artes escénicas,
las artes plásticas, la música, la literatura y las danzas, entre
otras son bien vistas como un “pasatiempo”, pero no como una
profesión que te permita ganarte la vida. Que alguien se dedique a
este tipo de actividades como profesión es, al parecer, un riesgo no
recomendable para nuestros jóvenes estudiantes.
Como
el desarrollo cultural en la escuela sigue siendo visto como algo
complementario, es lógico que se valore mucho más todo lo que
huela a académico, así solo sirva para pasar un examen y nunca más
el joven lo use en la vida.
Si
atendemos un poco a las propuestas expresadas en el documento de las
líneas orientadoras, si las entendemos y las ponemos en práctica
seguro avanzaremos un poco y el docente corre además el riesgo de
entender que el trabajo artístico y cultural es parte fundamental de
la educación integral de nuestros estudiantes.
Entre esas líneas se mencionan: Impulsar la creación de grupos que
realicen un trabajo permanente, continuo, con todo lo que esto
acarrea, entendiendo que debe ser asumido por toda la escuela y no
solo por el docente de cultura.
La
investigación: en lo que respecta no solo a la disciplina a la cual
se estará dedicando ese grupo de trabajo permanente, sino a las
temáticas y conceptos que nos llevan a edificar las obras, la que
nos da elementos para construir una estética pero a la vez un
concepto entendible para nuestros jóvenes participantes. La
investigación a su vez de la historia local, de nuestras raíces, de
nuestro entorno.
La
formación, de manera que no sea al azar sino con una planificación
bien establecida que permita el desarrollo de las cualidades no solo
artísticas, sino de las cualidades humanas de todos los que
participemos. Si hay algo que hemos estado perdiendo en estos últimos
tiempos es precisamente nuestra humanidad y ese es un lujo que no
podemos permitirnos.
El
trabajo cultural comunitario, en donde el joven aprenderá a entregar
desinteresadamente su trabajo voluntario a la comunidad, empezará a
construir con el colectivo una visión menos egoísta de la
convivencia.
Finalmente,
por supuesto la sistematización de los aprendizajes, de los
procesos, de las experiencias, de tal manera que nos permita evaluar
en todo momento lo que hemos hecho. Comencemos entonces, cambiemos la
escuela y avancemos hacia la escuela que queremos.
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