En el año 1993, si
mal no recuerdo, durante el mes de agosto, Robinson Davila, mejor
conocido como Pio Lara dictó un taller de narración oral de cuentos
en la sede de la Casa de la Cultura de Bejuma. Nosotros, quienes
apenas habíamos dado unos cuantos pasos en el mundo de las artes
escénicas supimos aprovechar el recurso que se nos entregaba: el
arte de contar cuentos. Así nació la agrupación Bejuma
Cuenta un Cuento
y posteriormente las agrupaciones Imágenes
y Sueños
y Palabras
de 21 colores.
En esa misma época
escuche hablar acerca de Luis Cedeño y Rafael Pineda (Tín Marín),
las “Zonas de Descarga” (Encuentros culturales) que se realizaban
en la plaza de la facultad de Derecho de la Universidad Carabobo y
por si fuera poco, la celebración del “Día internacional de los
Sueños”.
De allí nos fuimos
formando cuenta cuentos, de la única manera en que puede hacerse,
yendo a las comunidades y contando, pero también escuchando lo que
las comunidades te cuentan. Para aquella época las plazas de muchos
de los municipios de Carabobo se llenaban de historias y fábulas
casi todos los fines de semana.
Recientemente pude
descargar un video documental acerca de “El Caimán de Sanare”, a
quien no tuve la oportunidad de ver en persona por no estar yo lo
suficientemente despierto para aquella época, porque contar no se
trata de un mero espectáculo sino de una forma de vivir la vida. El
Caimán es uno de los principales referentes de la narración oral en
Venezuela
De esta generación
de cuenteros que nació a partir de los talleres de Pio Lara, queda
uno en los Valles Altos de Carabobo que no ha abandonado la tarea de
escribir y contar historias que nos recuerden de dónde venimos y
quienes somos. Ese cuenta cuentos es Carlos Mujica, quien además
forma parte de la Agrupación Altuequi. En este momento iniciaremos
nuevos talleres sobre todo dirigidos a los jóvenes, esta vez con el
fin de acercarnos a la tierra, a la labor del campesino y a la
siembra, de la que dependemos todos; porque no podemos comer dólares
ni petróleo.
Muchas cosas se han
hecho para tratar de que la gente vuelva a trabajar la tierra, pero
para ello no son suficientes los financiamientos, ni darles la
semilla, los materiales, la tecnología y los títulos de los
terrenos. No es suficiente la creación de más y más cooperativas
que al final trabajan por el negocio y no por amor a la tierra.
Es que lo que falta
para que salgamos de tantas dependencias precisamente es inmaterial.
No se consigue por decreto presidencial, ni por imposición del
mercado liberal. Porque a la hora de la verdad, en esto de alcanzar
la soberanía en materia alimentaria (concepto muy distinto al de
“seguridad alimentaria”) más pesa el amor a la tierra que los
tractores que puedan importar.
Si esto es así,
entonces hagamos cosas para tratar de hacer que crezca el amor de los
jóvenes hacia lo que verdaderamente nos puede hacer libres. Nosotros
empezaremos junto a Carlos
Mujica haciendo lo que sabemos hacer y si quieres “Ven y te
cuento, por amor a la agricultura”.
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