miércoles, 24 de agosto de 2016

Ven y te cuento


En el año 1993, si mal no recuerdo, durante el mes de agosto, Robinson Davila, mejor conocido como Pio Lara dictó un taller de narración oral de cuentos en la sede de la Casa de la Cultura de Bejuma. Nosotros, quienes apenas habíamos dado unos cuantos pasos en el mundo de las artes escénicas supimos aprovechar el recurso que se nos entregaba: el arte de contar cuentos. Así nació la agrupación Bejuma Cuenta un Cuento y posteriormente las agrupaciones Imágenes y Sueños y Palabras de 21 colores.
En esa misma época escuche hablar acerca de Luis Cedeño y Rafael Pineda (Tín Marín), las “Zonas de Descarga” (Encuentros culturales) que se realizaban en la plaza de la facultad de Derecho de la Universidad Carabobo y por si fuera poco, la celebración del “Día internacional de los Sueños”.
De allí nos fuimos formando cuenta cuentos, de la única manera en que puede hacerse, yendo a las comunidades y contando, pero también escuchando lo que las comunidades te cuentan. Para aquella época las plazas de muchos de los municipios de Carabobo se llenaban de historias y fábulas casi todos los fines de semana.
Recientemente pude descargar un video documental acerca de “El Caimán de Sanare”, a quien no tuve la oportunidad de ver en persona por no estar yo lo suficientemente despierto para aquella época, porque contar no se trata de un mero espectáculo sino de una forma de vivir la vida. El Caimán es uno de los principales referentes de la narración oral en Venezuela
De esta generación de cuenteros que nació a partir de los talleres de Pio Lara, queda uno en los Valles Altos de Carabobo que no ha abandonado la tarea de escribir y contar historias que nos recuerden de dónde venimos y quienes somos. Ese cuenta cuentos es Carlos Mujica, quien además forma parte de la Agrupación Altuequi. En este momento iniciaremos nuevos talleres sobre todo dirigidos a los jóvenes, esta vez con el fin de acercarnos a la tierra, a la labor del campesino y a la siembra, de la que dependemos todos; porque no podemos comer dólares ni petróleo.
Muchas cosas se han hecho para tratar de que la gente vuelva a trabajar la tierra, pero para ello no son suficientes los financiamientos, ni darles la semilla, los materiales, la tecnología y los títulos de los terrenos. No es suficiente la creación de más y más cooperativas que al final trabajan por el negocio y no por amor a la tierra.
Es que lo que falta para que salgamos de tantas dependencias precisamente es inmaterial. No se consigue por decreto presidencial, ni por imposición del mercado liberal. Porque a la hora de la verdad, en esto de alcanzar la soberanía en materia alimentaria (concepto muy distinto al de “seguridad alimentaria”) más pesa el amor a la tierra que los tractores que puedan importar.
Si esto es así, entonces hagamos cosas para tratar de hacer que crezca el amor de los jóvenes hacia lo que verdaderamente nos puede hacer libres. Nosotros empezaremos junto a Carlos Mujica haciendo lo que sabemos hacer y si quieres “Ven y te cuento, por amor a la agricultura”.

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