Es innegable que
este gobierno ha impulsado las jornadas de reflexión acerca de la
transformación de nuestro sistema educativo; sin embargo los cambios
no se traducen en resultados distintos a los ya obtenidos con la
vieja escuela. Si aun no superamos la reflexión y pasamos a la
acción transformadora no haremos mella en el viejo sistema. En
función de esto observemos algunos aspectos, elementos que deben ser
subvertidos a partir de la acción de quienes interactuamos en el
proceso de enseñanza aprendizaje.
Tiempo:
se habla en teoría de una cierta jornada integral que en la escuela
tradicional equivale a unas cinco horas y media (Horas reloj). Estas
horas están extrañamente divididas en horas llamadas académicas de
cuarenta y cinco minutos. En la educación media (liceo) son más
observables estas unidades, aunque generalmente se agrupan en bloques
de dos o tres horas (académicas). Cada asignatura debe cumplir con
el rígido horario. Si esto no se cumple se produce el caos.
Espacio:
El sitio donde el niño y el joven pasa aproximadamente el 90 % de su
tiempo durante su estancia en la escuela es el aula. El aula, al ser
un espacio reducido, facilita que el docente ejerza control sobre sus
estudiantes. Nadie debe salir sin permiso. Cada quien ocupa su sitio
dentro de ese espacio. Si esto se rompe se producirá un caos.
Los
Contenidos:
Los contenidos son seleccionados unilateralmente por el docente, que
trabaja en función de cumplir con un número determinado de temas.
Los jóvenes rara vez (y eso es mucho decir) intervienen en la
selección de los temas. Los contenidos se obtienen generalmente de
rígidos programas, libros o viejos esquemas mentales que arrastra el
docente desde su propia y precaria formación. En la mayoría de los
casos tienen poca pertinencia con los acontecimientos de la
actualidad.
La Evaluación:
Se evalúa unidireccionalmente al estudiante. Esta constituye otra
forma en la que el docente ejerce control sobre sus estudiantes. De
ninguna manera se observan los otros elementos que intervienen en el
proceso de enseñanza aprendizaje. Los jóvenes estudiantes deberían
tener la oportunidad de evaluar a sus docentes, así como la jornada
de trabajo, las relaciones humanas, los métodos de evaluación y
calificación. En la mayoría de los casos se evalúa la memoria del
estudiantes y en pocas ocasiones sus habilidades y destrezas.
La práctica
docente:
Esta consiste en suministrar información al estudiante. Generalmente
esta entrega de información se da a través de la práctica de
actividades rutinarias como lo son: el dictado, la copia del
pizarrón, la copia directa de un libro. Hay muy poco interés en la
lectura por parte de los estudiantes y de los docentes. El docente
quiere que el estudiante produzca algo a través de lo que pueda
calificarlo, obtener una nota que pueda aparecer en los reportes que
debe suministrar a las otras instancias administrativas.
Las relaciones
de Poder:
Las relaciones de poder son totalmente verticales. La autoridad es
ejercida en el aula por el docente, quien tiene la necesidad de
controlar todo. Todavía existen los casos que se indignan si un
estudiante los corrige en lo que es su especialidad (la asignatura).
Las aulas no son espacios en los que la Constitucion Nacional se hace
letra viva. No existe la democracia participativa y protagónica.
Muchos de los docentes piensan que es un error (o un peligro) darle
poder a los jóvenes para tomar decisiones con respecto a su propio
proceso de aprendizaje.
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