miércoles, 24 de agosto de 2016

Testimonio de Vida


Un docente, ante todo debe dar testimonio de vida, debe predicar con el ejemplo, ser él o ella una aproximación a la persona en la que pretende que se convierta su aprendiz. La simple acción de recitar lo aprendido en los libros o a través de los diferentes medios que le brindó la universidad durante su periodo de formación como profesional de la docencia, no es suficiente.
La cosa es que a pesar de todas las discusiones acerca de la necesidad de transformar la educación todavía pensamos en “abrir la cabeza del muchacho o muchacha” y vaciar todo lo que hemos recogido y atesorado porque pensamos que ese “stock” de conocimientos es lo que le da valor a lo que somos como docentes.
Si el joven necesitara que la escuela sencillamente le transfiera información y conocimiento, le saldría mejor y más barato al Estado que esa información, ese conocimiento lo busque por internet. Hace bastante rato que el docente dejó de hegemonizar la labor de ser dador de conocimientos, quedando desplazado por las nuevas tecnologías. Hoy en día el joven tiene acceso a miles de libros digitales, tesis, guias, páginas y páginas de información de lo que ocurre en el planeta, videos que le enseñan cómo hacer las cosas, tutoriales, sitios gratuitos donde los usuarios “cuelgan” material digital sobre infinidades de temas, audios, grupos de conversación acerca de temas específicos, oportunidad de publicar sus propias impresiones, y pare de contar.
A pesar de todo esto, la escuela y el docente tienen mucho que ofrecer a los estudiantes. En primer lugar la oportunidad de comunicarse, interactuar, convivir y desarrollarse con sus pares, tener experiencias a través de las cuales pueda aprender cómo funciona la sociedad, cómo se organiza el estado y cómo debe ser su participación en esa sociedad.
El docente debe ejercer su rol de guía, dar testimonio de vida acerca de cómo deben ser las conductas de nuestros estudiantes para su propio desarrollo integral (espiritual, intelectual, social y físico). El docente debe ser además una referencia clara de cómo se ejerce la ciudadanía y a través de su propia conducta revelar los principios y valores que deben mover nuestras conductas en la búsqueda del bienestar social.
¿Puede un docente que no se preocupe por su comunidad en forma desinteresada enseñar altruismo? ¿Puede un docente que solo piense en su propio bienestar enseñar algo distinto al egoísmo? ¿Puede enseñar sobre el sentido de pertenencia alguien que no valore el patrimonio socio cultural de su comunidad en todas sus dimensiones? ¿Puede promover lectura el docente que no lee? ¿Se queja de que sus estudiantes no escriben el docente que no escribe? ¿El docente que no investiga pretende que sus estudiantes investiguen? ¿Quiere mostrarse todavía el docente en el aula como una autoridad infalible?
Si el docente todavía cree que su labor es recitar, transferir, enseñar lo aprendido es posible que en lugar de facilitar el proceso de aprendizaje lo obstaculice. En los casos más extremos los docentes más rígidos podrían llegar a “lisiar” socialmente a sus aprendices.

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