Un docente, ante
todo debe dar testimonio de vida, debe predicar con el ejemplo, ser
él o ella una aproximación a la persona en la que pretende que se
convierta su aprendiz. La simple acción de recitar lo aprendido en
los libros o a través de los diferentes medios que le brindó la
universidad durante su periodo de formación como profesional de la
docencia, no es suficiente.
La cosa es que a
pesar de todas las discusiones acerca de la necesidad de transformar
la educación todavía pensamos en “abrir la cabeza del muchacho o
muchacha” y vaciar todo lo que hemos recogido y atesorado porque
pensamos que ese “stock” de conocimientos es lo que le da valor a
lo que somos como docentes.
Si el joven
necesitara que la escuela sencillamente le transfiera información y
conocimiento, le saldría mejor y más barato al Estado que esa
información, ese conocimiento lo busque por internet. Hace bastante
rato que el docente dejó de hegemonizar la labor de ser dador de
conocimientos, quedando desplazado por las nuevas tecnologías. Hoy
en día el joven tiene acceso a miles de libros digitales, tesis,
guias, páginas y páginas de información de lo que ocurre en el
planeta, videos que le enseñan cómo hacer las cosas, tutoriales,
sitios gratuitos donde los usuarios “cuelgan” material digital
sobre infinidades de temas, audios, grupos de conversación acerca de
temas específicos, oportunidad de publicar sus propias impresiones,
y pare de contar.
A pesar de todo
esto, la escuela y el docente tienen mucho que ofrecer a los
estudiantes. En primer lugar la oportunidad de comunicarse,
interactuar, convivir y desarrollarse con sus pares, tener
experiencias a través de las cuales pueda aprender cómo funciona la
sociedad, cómo se organiza el estado y cómo debe ser su
participación en esa sociedad.
El docente debe
ejercer su rol de guía, dar testimonio de vida acerca de cómo deben
ser las conductas de nuestros estudiantes para su propio desarrollo
integral (espiritual, intelectual, social y físico). El docente debe
ser además una referencia clara de cómo se ejerce la ciudadanía y
a través de su propia conducta revelar los principios y valores que
deben mover nuestras conductas en la búsqueda del bienestar social.
¿Puede un docente
que no se preocupe por su comunidad en forma desinteresada enseñar
altruismo? ¿Puede un docente que solo piense en su propio bienestar
enseñar algo distinto al egoísmo? ¿Puede enseñar sobre el sentido
de pertenencia alguien que no valore el patrimonio socio cultural de
su comunidad en todas sus dimensiones? ¿Puede promover lectura el
docente que no lee? ¿Se queja de que sus estudiantes no escriben el
docente que no escribe? ¿El docente que no investiga pretende que
sus estudiantes investiguen? ¿Quiere mostrarse todavía el docente
en el aula como una autoridad infalible?
Si el docente
todavía cree que su labor es recitar, transferir, enseñar lo
aprendido es posible que en lugar de facilitar el proceso de
aprendizaje lo obstaculice. En los casos más extremos los docentes
más rígidos podrían llegar a “lisiar” socialmente a sus
aprendices.
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