viernes, 13 de octubre de 2017

BIOGRAFÍAS DE LOS VALLES ALTOS DE CARABOBO


Autobiografía
¿Como sucedió?

                 En el estado Miranda para ese entonces existía un pueblo llamado el Hatillo, digo existía porque era uno de los lugares más apetecibles de la ciudad de Caracas por su clima y lo pintoresco de su arquitectura y su gentilicio, hoy convertido en municipio El Hatillo, con un exceso de población por todas las personas que allí se han mudado en busca de tranquilidad y que lamentablemente han transformado por completo su clima y en cierto modo su arquitectura. Pues allí vivía una mujer llamada Mercedes Machado (Mi madre) para ese momento ya contaba con 5 hijos (mis hermanos mayores), Cesar (fallecido), Francisco, Mirtha, Pablo, y Cosme Damián de su primera relación con el señor Adolfo Díaz. Luego de la separación con Adolfo Díaz conoce a Emilio Ramón León (Mi padre) quien dice ser mi padre, ya que parecía tener dudas puesto que me presentó en la jefatura civil después de cinco años, este, Emilio, quien llega al pueblo del Hatillo con una constructora para realizar trabajos en la urbanización lagunita Country Club proveniente de Bejuma  estado Carabobo conoce a Mercedes Machado, durante esa relación procrean 7 hijos más, Haydee, Carlos, Elena, Eugenio, Alida, José,
Y Emilio, para un total de 12, siendo yo Carlos Emilio  el segundo de la segunda relación.

Mi nacimiento.

                 Justo el treinta de agosto de mil novecientos sesenta, mi madre, Mercedes Machado(ya fallecida)se encontraba haciendo cachapas en la casa en un barrio llamado el calvario de el Hatillo, cuándo le comienzan los dolores de parto, lo cual ella siempre me recuerda, que dejó de hacer las cachapas para parirme, esta generación de mujeres eran sumamente guapas, trabajadoras, luchadoras, para ellas parir era como peinarse, luego  mi papá fue a buscar a la partera la señora Mamá Juanita (así la llamábamos en reconocimiento a su labor)quien atendió a muchos Hatillanos, para esa época eran en su mayoría las parteras o comadronas las que tenían la experiencia para hacer ese trabajo en la casa, personajes de nuestra historia local desconocidas por las nuevas generaciones, el proceso  se produjo a las tres de la mañana (03:00am), me cuenta Eugenia Noria ya fallecida a quien todos mis hermanos llamábamos Ina (diminutivo de madrina) y quien se encontraba con mi mamá en ese momento, que justo cuando yo nací, sobre el techo de la casa sintió que había algo muy extraño, decía Ina que era una bruja quien pretendía complicarle el parto a mi mamá para que yo no naciera por no haber llamado a la otra partera, y por celos ocurrió lo que según Ina, ella sintió sobre el techo de la casa. Sin embargo ni las cosas extrañas ni esos supuestos celos impidieron que yo naciera ese treinta de Agosto de mil novecientos sesenta

La Infancia.

                De mi infancia recuerdo cuando vivíamos en Oripoto, una zona que queda sobre la urbanización las Marías en el Municipio el Hatillo, en ese sector mi padre cuidaba las áreas verdes de  una quinta de una familia adinerada y nosotros vivíamos en una pequeña casita anexa, el atendía los jardines, los animales y todo lo que ellos necesitaran, me agradaba ese lugar por la vista que tenia la casa, desde ella se podía ver todo el pueblo, buena parte de sus calles y sus casitas con techos de teja, el calvario que era el único barrio que teníamos pero muy sano, todos los que vivían tanto en el pueblo como en el barrio se conocían eran en su mayoría familias y  se veía las montañas de alto Hatillo vírgenes para ese entonces, con mi hermana Haydee mayor que yo, le lanzábamos tuza  de jojoto de los que usaba mi mamá para las cachapas a los zamuros para alborotarlos ya que se posaban sobre un árbol grande que estaba al lado de la casa, y cuando pasaba un avión nos daba mucho miedo ya que no era común eso, éramos pequeños, allí recuerdo que mi mamá enviaba a mis hermanos mayores al pueblo a vender lo que ella preparaba, cachapas, hallacas, majarete, torrejas, empanadas, entre otras recetas muy buenas  por cierto. Aún conservo en mi casa actual una foto de mi bautizo que guardaba mi mamá cuando yo tenía un año aproximadamente, sentado en un carro de la época en mil novecientos sesenta y uno

                 Luego de algunos años en esta casa de Oripoto nos mudamos a la casa de mi abuelo el papá de mi mamá, se llamaba Teodosio Machado y mi abuela María González, esto quedaba en la calle Matadero en pleno pueblo aún existe la casa, recuerdo que yo tenía un triciclo que me gustaba mucho ya que para la época no era tan fácil tener un juguete y menos una bicicleta o algo parecido y el abuelo me lo escondía porque le molestaba que lo usara dentro de la casa, luego con un poco de creatividad con mis hermanos improvisábamos otro entretenimiento, el piso del patio era de cemento pulido, le colocábamos agua con jabón y lo regábamos en todo el patio y nos lanzábamos de un lado a otro de punta a punta durante horas, era bien sabroso, mejor que tener un juguete. De  allí nos mudamos nuevamente a otra casa  en la entrada del pueblo en la calle el progreso que pertenecía a Jorge Pérez, compadre de mí mamá. Allí comenzamos la amistad con todos los hijos de la familia Pérez ya tenía como siete años, ellos tenían un terreno muy grande que era una pequeña hacienda, tenían muchas matas de naranjas, mandarinas, aguacates, guamas, cambures, moras silvestres  y con esos amigos pude vivir muchas experiencias bonitas durante mi infancia y adolescencia; aprendí a jugar metras, trompo, perinolas, papagayos, gurrufios, policía y ladrón, fusilado, la ere, hasta yaqui, cero contra por cero, patines de cuatro ruedas de hierro, patinetas con rolineras, escopetas de palos con chapas o semillas de tártago, entre otros, todos juegos tradicionales. Recuerdo que casábamos pajaritos aunque luego los soltábamos, atrapábamos rabí pelao (por aquí le llaman churro) con frutas en un pipote y luego los preparábamos con papas para comer “sabe a conejo”, ellos se alimentan de frutas por eso no nos daba asco ni saben mal, así disfrutábamos de diversos momentos, con mis compañeros; Edgar hoy compadre de dos de mis hijas, Luisito, Pablo, éramos contemporáneos, ellos si tenían bicicletas y por supuesto me la prestaban, me prestaban el caballo que tenían, hasta un burrito llegamos a tener, en el que nos dábamos vueltas por todo el lugar que queda en todo el centro del pueblo, que hoy está convertido en el estacionamiento más grande y céntrico del Municipio.

                 Sin embargo mis momentos de juego y recreación eran interrumpidos porque tenía que salir a vender la granjería (así le decía mi mamá) productos que mujeres y hombres se dedicaban a preparar a través de sus saberes gastronómicos populares, debo reconocer que todas estas experiencias me permitieron consolidar un aprendizaje que considero una de mis mayores fortalezas como: las relaciones públicas, conocimientos en ventas populares,  las comidas que mi mamá preparaba eran de excelente calidad por su sabor tradicional y casero, de allí quizás mi habilidad en preparación de comidas y desenvolvimiento en la cocina, que es otra gran fortaleza que dómino hasta hoy. Decía que me interrumpían porque siempre que estaba en un juego interesante me llamaban para hacer cualquier cosa en la casa, por eso me daba unas escapadas cuando quería andar en patines, no recuerdo como me los compré unos Winchester de hierro cuatro ruedas, me iba escondido con mis amigos hacia la urbanización La Lagunita a patinar, la calle era lisa y no había muchos carros en esa época, con esos patines lo hacía muy bien y patinando hacia atrás era mejor que mis compañeros, tenia dominio, mi primo Alfredo Machado era muy bueno, también patinaba muy bien le decíamos el verdugo, nunca me di caídas peligrosas, sabia patinar, pero hoy en día ni amarrado puedo, menos mal que lo hice y lo disfrute en mi momento. La verdad siento que fui feliz, una infancia sana, una  familia humilde, una casa humilde, pero siempre agradecido y hoy con mayor razón.

En mis estudios en primaria.      

                 Cuando inicio la primaria fue directamente en primer grado ya que el preescolar en esa época no estaba en programa, por cierto recuerdo que no sabía escribir,  la maestra Amparo Gonzales me decía que para hacer la letra M  colocara tres palitos (III) y al hacerlo yo  veía que no se parecía en nada a lo que ella quería, en vez de referírmelo como dos montañitas (m). También en mis recreos esperaba la cesta de empanadas que me mandaba mí mamá para venderla a mis compañeros, claro, esto me tocó  cuando estaba en tercer grado. Justo en este grado realicé mi primera presentación artística, recuerdo que la maestra Virginia me dió la oportunidad de representar un baile de la burriquita, aunque un compañero Alfredo Aponte lo hacía mejor que yo, ella me ensayó en su casa, me preparó y lo presente, sin imaginarse ella y yo el bien  que me causó ya que desde ese momento mi pasión por el arte y la cultura está presente hasta la fecha, a eso me he dedicado, no quiero otra cosa, hoy docente especialista en el área de teatro en las escuelas estadales de Carabobo. Recuerdo a mis maestras  Amparo de primero, Milagros de segundo, Virginia, de tercero, y Clara de sexto, por cierto cuando fui miembro de la junta directiva del Centro Social y Cultural “Don Henrique Antonio Heraso” del Hatillo en el año 1997.Organicé una actividad donde pude homenajear a estas maestras de mi escuela primaria después de muchos años, ya ellas estaban jubiladas, la expresión de la maestra Clara me llenó mucho, ella decía que ese momento del homenaje y su boda eran los detalles más importante que ella había vivido. De aquí creo que nació la idea de mí de mi primer programa de radio en Bejuma en el año 2008,
“Historias y tradiciones”, donde pudimos homenajear junto a mi compañero de programa José Gregorio Rodríguez, a buena parte de los cultores del eje occidental.

                 En el liceo.



                 Entro a los doce años al liceo “Juan Escalona” en el Hatillo, comienza mi trabajo artístico, en principio era un periodo de adaptación de la escuela al liceo, mas docentes, diferentes materias, en realidad lo que más recuerdo, lo que más  me marcó fueron mis compañeros, mis novias, mi relación con los profesores, mi inicio en el teatro, recuerdo a la secretaria Irene que sacaba los exámenes, y me daba una copia si yo le daba  un besito, a veces me llevaba hasta tres copias, mi profesor Guido salíamos con él a jugar bolas criollas, era un buen amigo, es lo que trato de ser con mis estudiantes en estos días, un buen amigo.  Para ese entonces me dedicaba a montar diferentes trabajos de teatro, ya que me gustaba y era mi fuerte, desde primer año hasta tercero; en este momento tenía como catorce años empiezo a trabajar como mesonero los fines de semana en el club Lagunita, es un club privado de golf en el Hatillo, lo que ganaba me permitía cubrir mis gastos. Luego el cuarto año lo inicio en el Liceo “Tito Salas” del municipio Baruta, al llegar allí también formé parte del grupo de teatro de la institución con el profesor Gonzalo Contreras, (creo que yo andaba en la búsqueda de una escuela de teatro más que un liceo regular),montamos diversas obras como el secreto bien guardado de Alejandro Casona, Sonia la soñadora, entre otras, y claro, era bien reconocido en mi entorno  gracias a estas actividades, justo en este tiempo en 1977 conozco a Celia quien fuera de otro liceo el José Alberto Velandria, también  integrante del grupo de teatro de su liceo, trabajamos juntos en una obra y terminamos casados el 29 de diciembre de 1979. Al terminar el tercer año tomé la decisión de ingresar a la Marina en la escuela de Sub Oficiales de la  Armada en Catialamar Estado Vargas, el ingreso a la escuela de sub oficiales reconozco que era más una ilusión, pude evidenciar que no era mi vocación la vida militar, me sentí humillado en muchos momentos, allí también experimenté en actividades de teatro con algunos compañeros, había un excelente espacio de teatro. Me tocó aprender varias cosas en esa escuela, que me permitió reforzar lo que ya sabía, como levantarme temprano, bañarme, afeitarme, vestirme y estar en formación en solo cinco minutos, Lavar, planchar, asear el lugar, y algo bien interesante comer en escuadra, donde la boca no va a los alimentos, todo lo contrario los alimentos van a la boca con un movimiento en forma de escuadra que aún lo hago y lo transmito a mis estudiantes, fue una experiencia que tenía que vivir. Sin embargo a los pocos meses solicité mi baja o retiro de la institución, la cual fue aceptada, otra experiencia de vida.

             Mi familia

                 Antes de terminar el cuarto año tomé otra decisión importante, la de hacer familia, sin haber culminado mi cuarto año de bachillerato cuando ya tenía diez y ocho años, mi compañera era Celia por cierto excelente persona muy buena madre, estudiante del otro liceo y que habíamos compartido escenarios en distintos montajes de teatro. Decidimos casarnos y emprender una nueva etapa, ella diecisiete y yo diecinueve, de esta relación nace mi primera hija Celimer Gabriela, quien me enseña todo lo importante de ser papá, una niña talentosa desde pequeña polifacética, muy sociable, excelente estudiante, a sus nueve años ya componía bonitos temas, de hecho a sus diez y seis años logramos grabar un CD con temas de su propia autoría, y también se convirtió en una excelente contador público, buena hija buena hermana, excelente ser humano, quien al casarse por segunda vez me dio mi única nieta, Gabriela, hermosa, tan talentosa como su madre, me sentía tan agradecido a Dios a la vida por este regalo de ser padre y tener unos hijos tan maravillosos, pero hace tres años y medios, el quince de Diciembre de 2013 en un accidente con una explosión de gas en un apartamento, fallecieron mi hija Celimer y mi nieta Gaby, no puedo dejar de mencionar estos acontecimientos porque aunque duro, es una realidad de la cual no es fácil escapar, y reconozco que esto cambió mi vida por completo, se aprende a perder el miedo, se aprende a tener fe, a vivir en agradecimiento, a elevar el nivel de consciencia y no ha pasado un día desde que partieron que deje de tenerlas en mi mente en mi corazón. Mi segunda hija es Karla Yicell, hermosa también talentosa, es la que más se parece a Celi físicamente, una relacionista pública de profesión, se casó apenas hace un año y medio justo el día del cumpleaños de vida de su hermana, espero me dé un nieto o nieta, sin embargo viaja mucho con su esposo por cuestiones de trabajo. Ingrid Karina es mi tercera hija, que puedo decir de ella, siempre muy buena estudiante competitiva, responsable, destacada, talentosa, hoy convertida en ingeniera en producción, en estos momentos vive en Argentina allá trabaja con una empresa se fue luego de la partida de su hermana, se que ella necesitaba ese cambio y siempre se los he respetado, aprendí a no cuestionarlos. Y por ultimo mi hijo Carlos Jesús (digo ultimo porque después que el nació me realicé la vasectomía),Carlitos siempre fue consentido por ser el más pequeño, pero es noble, amoroso, recuerdo que un día lo reprendí y cuando me percato que él no tenía culpa de lo sucedido, me dolió tanto que le pedí perdón muchas veces y en ese momento aprendí que a los hijos hay que escucharlos, pero sobre todo amarlos, estudió idiomas y estudió cocina y se graduó  de  chef, vive en Argentina con su hermana, y sé que todos ellos son hijos felices, seres humanos felices, y los amo tanto y como les he dicho a ellos, si en otra vida me toca ser nuevamente su papá los amaré mucho más de lo que les he  amado  en esta.

El teatro

Esta etapa como lo he comentado comienza cuando estuve en tercer grado presentando la burriquita, tomando en cuenta que me gustaba participar pero me daba mucha pena, luego al entrar al liceo, creo que mas me interesaban las actividades culturales que las clases regulares, sin embargo me gustaba la clase de historia, artística, castellano porque   va con el arte, educación física por estar fuera del aula, puericultura, para entonces ya escribía algunos guiones  de teatro. Para el año 1976 acepto la invitación de unos compañeros para realizar un montaje con teatro de calle, la vida pasión y muerte de nuestro señor Jesús Cristo, “Crucifixión Viviente”, casi todos eran del barrio aunque ninguno de los setenta jóvenes que participaron  eran  expertos en  el área, el 23 de Marzo de1978 se presentó la puesta en escena, el trabajo salió excelente y causó muy buena impresión, logramos aglutinar a más de tres o cuatro mil personas para esa época, hoy después de cuarenta años aún las nuevas generaciones mantienen viva esta actividad en el Hatillo con la Fundación “23 de Marzo” del cual soy fundador.
En el año 1991 montamos Celia y yo una obra titulada el “velorio”, un trabajo muy bueno de humor reflexivo presenciada por casi todos los Hatillanos, en esta obra participó  buena parte de los compañeros del grupo 23 de Marzo, e hicimos en Bejuma tres funciones en el año 2004 en el teatro Palermo a mí llegada a este Municipio. En 1996 “Jesusito de mi vida” una obra con más de treinta niños en escena en el Hatillo, al siguiente año la obra “Bolívar Aún Vive” también de nuestra autoría, presentada en el festival de teatro Bolivariano organizado por el ejército venezolano, apoyando al Batallón Bolívar, ganando las dos categorías como mejor obra de veinticinco agrupaciones de teatro, esto me demostraba que la pasión que sentía desde joven por el teatro era fuerte, y sobre todo, teatro para la gente que no va al teatro, porque llevábamos la actividad a las comunidades, todo esto antes de llegar Chávez al poder, quien luego fortaleciera con sus ideas y propuestas el quehacer cultural.
Con mi familia también realizamos diversos montajes en varios municipios, uno de ellos en el festival de teatro popular en la casa de la cultura del Municipio Baruta, donde participamos todos en familia, Celia, Celimer, Karla, Karina Carlitos, dos compañeros y yo, hasta el pollo que teníamos en casa, con esta obra “El secreto bien guardado” de Alejandro Casona, ganamos como mejor obra y mejor escenografía y buenos momentos vividos  ,fue con estas actividades que  me di cuenta que mi hija Celi cantaba y lo hacía  muy bien, creo que de hecho mis hijos aprendieron mucho, por eso son tan abiertos y sociables, por eso pienso que el teatro sirve para cambiar vidas y lo vengo comprobando en mi trabajo con los estudiantes en mis escuelas  y en mi vida personal. Al  final de los años 80 fue cuando decidí traer a Bejuma este trabajo de teatro de calle desde el Estado Miranda, no imaginé cuán importante seria esto para la generación de jóvenes de la época, solo en 2004 cuando me mudo a Bejuma  conozco a mis compañeros José Gregorio, Julio Uzcategui, Soviet Singh, entendí lo importante y el impacto que este trabajo había dejado para estos jóvenes, donde  inclusive se reunieron y conformaron una agrupación llamada “Reflejos,” donde le dieron continuidad a este tipo de actos, de allí nuestra amistad y unión en lo personal y cultural hasta estos tiempos, amén por eso.

  Mi separación y mis logros

  Para el año 2004 tenía 24 años de casado y surge una separación entre mi esposa y yo (amigable por cierto), decido residenciarme en Bejuma en casa de mi familia paterna, llegando a este lugar sin proyectos ni sueños debido a la confusión que causa la separación, no era fácil dejar todo lo que me había acompañado durante tantos años  sobre todo mis hijos, que estuvieron conmigo y  yo con ellos desde el momento que vinieron a este mundo, pero quizás sin darme cuenta era el momento de empezar a trabajar el desapego, reconozco que me costó, y  a partir de esta etapa a mis cuarenta y cinco años comienza un nuevo ciclo en mi vida, de  reconocimiento, de organización de análisis, de fe, no sabía por dónde comenzar pero sentía que tenía que hacerlo. Lo primero era tener un trabajo, había dejado todo, en el Hatillo me dedicaba a administrar una pequeña agencia de festejos que me produjo una gran experiencia en la organización de eventos, como también fui vendedor de libros en Caracas al llegar a Bejuma me propuse vender libros con una empresa editorial en Valencia, así lo hice por un año, luego alquilé un bar solo durante un año porque atendía muchos borrachos y supe que eso no era lo mío, durante el tiempo en el bar inicié mis estudios en Misión Ribas para terminar mi bachillerato, ya que lo había dejado a los diez y ocho cuando me casé, me agradó porqué mi tío Arquímedes estaba inscrito y eso me motivó, de hecho en el año 2003 cuando el presidente Chávez anunció la creación de la Misión Ribas, yo dije esa es la mía, ya que en Caracas se me hacía difícil porque no podía dejar a mis hijos tanto tiempo en espera para llegar a la casa, y así empezó en 2005 y logré mi título de bachiller integral, sin terminar el bachillerato me inscribí en Valencia en un curso de locución durante un año y trabajé en la emisora Calidad 103.3FM de Bejuma con un programa que se llamó” Historias y Tradiciones”, me acompañó mi compañero y compadre José Gregorio, duramos dos años y medio, excelente programa donde homenajeábamos  a los cultores del Eje Occidental, y paralelo a esto una columna que escribía en un quincenario que se llamaba Contrapeso  de el amigo periodista Leonardo Coronel, donde también aprovechaba para difundir las actividades y el hecho cultural de los Valles Altos, ese 2005 fue muy productivo, llega la Misión Cultura, otra propuesta  del presidente Chávez, cinco años duró este compartir de experiencias y aprendizajes, fortaleciendo lo que venía aprendiendo en la escuela de la vida. Sin embargo me faltaba algo, como mi estabilidad laboral, estaba estudiando pero necesitaba solvencia económica, en esos días una amiga me informa que buscaban docente de teatro en una escuela, y allí fui a dar clases adhonoren en la U.E. Torcuato Manso Núñez de Chirgua, pero siempre con la esperanza de conseguir el cargo. Llega una propuesta para mi compañero Julio de trabajar para el Ministerio de la Cultura como operador cultural, pero ya Julio era coordinador de la casa de la cultura en Bejuma y Gregorio docente en Santo Tomas, y ellos José Gregorio y Julio me proponen  como operador cultural en los tres Municipios, todo comenzó a tomar forma, empecé a resolver la situación, sobre todo económica, trabajaba para el Ministerio y me pagaban honorarios profesionales, pero yo muy agradecido  lo poco para mí era bastante, con el Ministerio trabajé de 2006  hasta el 2012 hasta que la directora de Gabinete me solicitó la renuncia de forma injusta, ya que al renunciar los cultores de estos Municipios quedaron sin enlace entre ellos y la institución, sin embargo  este cargo me permitió relacionarme no solo con casi todas  las agrupaciones del Estado Carabobo, sino también con la cantidad de artista y cultores de los Municipios Bejuma, Miranda, Montalbán y sus parroquias Canoabo y Simón Bolívar de Chirgua y esta fue mi verdadera ganancia, conocer y aprender de  toda esa hermosa gente.


Para el 2011 me entregan el titulo como licenciado en Educación Mención Desarrollo Cultural, el cual comparto con mis compañeros José Gregorio, Julio, Soviet por haberme apoyado tanto, a pesar que un día sentí  la necesidad de regresarme a Caracas, con mis hijos, quizás ansiedad, casi abandono todo, me detuvo mi hija Celimer, me dijo; “papi piénsalo en frio con calma, estás logrando muchas cosas allá, no me parece que abandones”, me dolió que me dijera eso, creí que me diría;”papi aquí está  tu casa, bienvenido cuando quieras”, pero no fue así, y hoy aunque me cueste se que  tenía mucha razón.

                 El día que me entregaron el título universitario soñaba con ver a mis hijos presentes, porque era para ellos ese logro, pero el trabajo no se los permitió, y solo me quedo entenderlo y aceptarlo, aunque para mí fue muy importante estar presente con ellos en cada momento especial que tenían, salía de Bejuma a Caracas cada vez que fuera necesario. Y luego de convertirme en licenciado ya era interino en la E.E Don Viviano Vargas de Canoabo, ya que durante varios años fui docente no graduado  y al tiempo me dieron mi titularidad.

                  Es entonces en este momento cuando puedo expresar mi agradecimiento por todo lo que me ha tocado vivir y reconocer lo que tengo a mi alrededor con mis aciertos y desaciertos: tengo unos hijos maravillosos, buenos hermanos, buenos ciudadanos, aunque me tocó vivir la experiencia de la partida física de mi hija mayor Celimer y mi nieta Gaby  y que  ha sido la más grande experiencia que me ha tocado. Agradezco haber tenido unos  padres que me sembraron valores, respeto por los demás, honestidad, siento que no he sido mal padre ni mal hijo, agradezco a  mis hermanos y amigos que han estado presente  en todo momento que les he necesitado, y por ultimo solo me queda decir que me siento un hombre feliz, agradecido a Dios, a la vida que me ha tocado vivir y cuando parta de este plano, en mi retorno, quisiera trabajar para ser mejor ser humano.                                                                                                        


     AMEN.





No hay comentarios:

Publicar un comentario