Autobiografía
¿Como sucedió?
En el estado Miranda para ese
entonces existía un pueblo llamado el Hatillo, digo existía porque era uno de
los lugares más apetecibles de la ciudad de Caracas por su clima y lo
pintoresco de su arquitectura y su gentilicio, hoy convertido en municipio El
Hatillo, con un exceso de población por todas las personas que allí se han
mudado en busca de tranquilidad y que lamentablemente han transformado por
completo su clima y en cierto modo su arquitectura. Pues allí vivía una mujer
llamada Mercedes Machado (Mi madre) para ese momento ya contaba con 5 hijos
(mis hermanos mayores), Cesar (fallecido), Francisco, Mirtha, Pablo, y Cosme
Damián de su primera relación con el señor Adolfo Díaz. Luego de la separación
con Adolfo Díaz conoce a Emilio Ramón León (Mi padre) quien dice ser mi padre,
ya que parecía tener dudas puesto que me presentó en la jefatura civil después
de cinco años, este, Emilio, quien llega al pueblo del Hatillo con una constructora
para realizar trabajos en la urbanización lagunita Country Club proveniente de
Bejuma estado Carabobo conoce a Mercedes
Machado, durante esa relación procrean 7 hijos más, Haydee, Carlos, Elena,
Eugenio, Alida, José,
Y Emilio, para un total de 12,
siendo yo Carlos Emilio el segundo de la segunda relación.
Mi nacimiento.
Justo el treinta de agosto de mil
novecientos sesenta, mi madre, Mercedes Machado(ya fallecida)se encontraba
haciendo cachapas en la casa en un barrio llamado el calvario de el Hatillo,
cuándo le comienzan los dolores de parto, lo cual ella siempre me recuerda, que
dejó de hacer las cachapas para parirme, esta generación de mujeres eran
sumamente guapas, trabajadoras, luchadoras, para ellas parir era como peinarse,
luego mi papá fue a buscar a la partera
la señora Mamá Juanita (así la llamábamos en reconocimiento a su labor)quien
atendió a muchos Hatillanos, para esa época eran en su mayoría las parteras o
comadronas las que tenían la experiencia para hacer ese trabajo en la casa,
personajes de nuestra historia local desconocidas por las nuevas generaciones,
el proceso se produjo a las tres de la
mañana (03:00am), me cuenta Eugenia Noria ya fallecida a quien todos mis
hermanos llamábamos Ina (diminutivo de madrina) y quien se encontraba con mi
mamá en ese momento, que justo cuando yo nací, sobre el techo de la casa sintió
que había algo muy extraño, decía Ina que era una bruja quien pretendía
complicarle el parto a mi mamá para que yo no naciera por no haber llamado a la
otra partera, y por celos ocurrió lo que según Ina, ella sintió sobre el techo
de la casa. Sin embargo ni las cosas extrañas ni esos supuestos celos
impidieron que yo naciera ese treinta de Agosto de mil novecientos sesenta
La Infancia.
De mi infancia recuerdo cuando
vivíamos en Oripoto, una zona que queda sobre la urbanización las Marías en el
Municipio el Hatillo, en ese sector mi padre cuidaba las áreas verdes de una quinta de una familia adinerada y nosotros
vivíamos en una pequeña casita anexa, el atendía los jardines, los animales y
todo lo que ellos necesitaran, me agradaba ese lugar por la vista que tenia la
casa, desde ella se podía ver todo el pueblo, buena parte de sus calles y sus
casitas con techos de teja, el calvario que era el único barrio que teníamos pero
muy sano, todos los que vivían tanto en el pueblo como en el barrio se conocían
eran en su mayoría familias y se veía las
montañas de alto Hatillo vírgenes para ese entonces, con mi hermana Haydee mayor
que yo, le lanzábamos tuza de jojoto de
los que usaba mi mamá para las cachapas a los zamuros para alborotarlos ya que
se posaban sobre un árbol grande que estaba al lado de la casa, y cuando pasaba
un avión nos daba mucho miedo ya que no era común eso, éramos pequeños, allí
recuerdo que mi mamá enviaba a mis hermanos mayores al pueblo a vender lo que
ella preparaba, cachapas, hallacas, majarete, torrejas, empanadas, entre otras
recetas muy buenas por cierto. Aún conservo
en mi casa actual una foto de mi bautizo que guardaba mi mamá cuando yo tenía
un año aproximadamente, sentado en un carro de la época en mil novecientos
sesenta y uno
Luego
de algunos años en esta casa de Oripoto nos mudamos a la casa de mi abuelo el
papá de mi mamá, se llamaba Teodosio Machado y mi abuela María González, esto
quedaba en la calle Matadero en pleno pueblo aún existe la casa, recuerdo que
yo tenía un triciclo que me gustaba mucho ya que para la época no era tan fácil
tener un juguete y menos una bicicleta o algo parecido y el abuelo me lo
escondía porque le molestaba que lo usara dentro de la casa, luego con un poco
de creatividad con mis hermanos improvisábamos otro entretenimiento, el piso
del patio era de cemento pulido, le colocábamos agua con jabón y lo regábamos
en todo el patio y nos lanzábamos de un lado a otro de punta a punta durante
horas, era bien sabroso, mejor que tener un juguete. De allí nos mudamos nuevamente a otra casa en la entrada del pueblo en la calle el
progreso que pertenecía a Jorge Pérez, compadre de mí mamá. Allí comenzamos la
amistad con todos los hijos de la familia Pérez ya tenía como siete años, ellos
tenían un terreno muy grande que era una pequeña hacienda, tenían muchas matas
de naranjas, mandarinas, aguacates, guamas, cambures, moras silvestres y con esos amigos pude vivir muchas experiencias
bonitas durante mi infancia y adolescencia; aprendí a jugar metras, trompo,
perinolas, papagayos, gurrufios, policía y ladrón, fusilado, la ere, hasta yaqui,
cero contra por cero, patines de cuatro ruedas de hierro, patinetas con
rolineras, escopetas de palos con chapas o semillas de tártago, entre otros,
todos juegos tradicionales. Recuerdo que casábamos pajaritos aunque luego los
soltábamos, atrapábamos rabí pelao (por aquí le llaman churro) con frutas en un
pipote y luego los preparábamos con papas para comer “sabe a conejo”, ellos se
alimentan de frutas por eso no nos daba asco ni saben mal, así disfrutábamos de
diversos momentos, con mis compañeros; Edgar hoy compadre de dos de mis hijas,
Luisito, Pablo, éramos contemporáneos, ellos si tenían bicicletas y por
supuesto me la prestaban, me prestaban el caballo que tenían, hasta un burrito
llegamos a tener, en el que nos dábamos vueltas por todo el lugar que queda en
todo el centro del pueblo, que hoy está convertido en el estacionamiento más
grande y céntrico del Municipio.
Sin
embargo mis momentos de juego y recreación eran interrumpidos porque tenía que
salir a vender la granjería (así le decía mi mamá) productos que mujeres y hombres
se dedicaban a preparar a través de sus saberes gastronómicos populares, debo
reconocer que todas estas experiencias me permitieron consolidar un aprendizaje
que considero una de mis mayores fortalezas como: las relaciones públicas,
conocimientos en ventas populares, las
comidas que mi mamá preparaba eran de excelente calidad por su sabor
tradicional y casero, de allí quizás mi habilidad en preparación de comidas y
desenvolvimiento en la cocina, que es otra gran fortaleza que dómino hasta hoy.
Decía que me interrumpían porque siempre que estaba en un juego interesante me
llamaban para hacer cualquier cosa en la casa, por eso me daba unas escapadas
cuando quería andar en patines, no recuerdo como me los compré unos Winchester
de hierro cuatro ruedas, me iba escondido con mis amigos hacia la urbanización
La Lagunita a patinar, la calle era lisa y no había muchos carros en esa época,
con esos patines lo hacía muy bien y patinando hacia atrás era mejor que mis
compañeros, tenia dominio, mi primo Alfredo Machado era muy bueno, también
patinaba muy bien le decíamos el verdugo, nunca me di caídas peligrosas, sabia
patinar, pero hoy en día ni amarrado puedo, menos mal que lo hice y lo disfrute
en mi momento. La verdad siento que fui feliz, una infancia sana, una familia humilde, una casa humilde, pero
siempre agradecido y hoy con mayor razón.
En mis estudios en primaria.
Cuando
inicio la primaria fue directamente en primer grado ya que el preescolar en esa
época no estaba en programa, por cierto recuerdo que no sabía escribir, la maestra Amparo Gonzales me decía que para
hacer la letra M colocara tres palitos (III)
y al hacerlo yo veía que no se parecía en
nada a lo que ella quería, en vez de referírmelo como dos montañitas (m).
También en mis recreos esperaba la cesta de empanadas que me mandaba mí mamá
para venderla a mis compañeros, claro, esto me tocó cuando estaba en tercer grado. Justo en este
grado realicé mi primera presentación artística, recuerdo que la maestra
Virginia me dió la oportunidad de representar un baile de la burriquita, aunque
un compañero Alfredo Aponte lo hacía mejor que yo, ella me ensayó en su casa,
me preparó y lo presente, sin imaginarse ella y yo el bien que me causó ya que desde ese momento mi
pasión por el arte y la cultura está presente hasta la fecha, a eso me he
dedicado, no quiero otra cosa, hoy docente especialista en el área de teatro en
las escuelas estadales de Carabobo. Recuerdo a mis maestras Amparo de primero, Milagros de segundo, Virginia,
de tercero, y Clara de sexto, por cierto cuando fui miembro de la junta
directiva del Centro Social y Cultural “Don Henrique Antonio Heraso” del
Hatillo en el año 1997.Organicé una actividad donde pude homenajear a estas
maestras de mi escuela primaria después de muchos años, ya ellas estaban
jubiladas, la expresión de la maestra Clara me llenó mucho, ella decía que ese
momento del homenaje y su boda eran los detalles más importante que ella había
vivido. De aquí creo que nació la idea de mí de mi primer programa de radio en
Bejuma en el año 2008,
“Historias y tradiciones”, donde
pudimos homenajear junto a mi compañero de programa José Gregorio Rodríguez, a
buena parte de los cultores del eje occidental.
En el liceo.
Entro a los doce años al liceo “Juan
Escalona” en el Hatillo, comienza mi trabajo artístico, en principio era un
periodo de adaptación de la escuela al liceo, mas docentes, diferentes
materias, en realidad lo que más recuerdo, lo que más me marcó fueron mis compañeros, mis novias, mi
relación con los profesores, mi inicio en el teatro, recuerdo a la secretaria
Irene que sacaba los exámenes, y me daba una copia si yo le daba un besito, a veces me llevaba hasta tres
copias, mi profesor Guido salíamos con él a jugar bolas criollas, era un buen
amigo, es lo que trato de ser con mis estudiantes en estos días, un buen amigo.
Para ese entonces me dedicaba a montar
diferentes trabajos de teatro, ya que me gustaba y era mi fuerte, desde primer
año hasta tercero; en este momento tenía como catorce años empiezo a trabajar
como mesonero los fines de semana en el club Lagunita, es un club privado de
golf en el Hatillo, lo que ganaba me permitía cubrir mis gastos. Luego el
cuarto año lo inicio en el Liceo “Tito Salas” del municipio Baruta, al llegar
allí también formé parte del grupo de teatro de la institución con el profesor
Gonzalo Contreras, (creo que yo andaba en la búsqueda de una escuela de teatro
más que un liceo regular),montamos diversas obras como el secreto bien guardado
de Alejandro Casona, Sonia la soñadora, entre otras, y claro, era bien
reconocido en mi entorno gracias a estas
actividades, justo en este tiempo en 1977 conozco a Celia quien fuera de otro
liceo el José Alberto Velandria, también integrante del grupo de teatro de su liceo,
trabajamos juntos en una obra y terminamos casados el 29 de diciembre de 1979.
Al terminar el tercer año tomé la decisión de ingresar a la Marina en la escuela
de Sub Oficiales de la Armada en
Catialamar Estado Vargas, el ingreso a la escuela de sub oficiales reconozco
que era más una ilusión, pude evidenciar que no era mi vocación la vida militar,
me sentí humillado en muchos momentos, allí también experimenté en actividades
de teatro con algunos compañeros, había un excelente espacio de teatro. Me tocó
aprender varias cosas en esa escuela, que me permitió reforzar lo que ya sabía,
como levantarme temprano, bañarme, afeitarme, vestirme y estar en formación en
solo cinco minutos, Lavar, planchar, asear el lugar, y algo bien interesante comer
en escuadra, donde la boca no va a los alimentos, todo lo contrario los
alimentos van a la boca con un movimiento en forma de escuadra que aún lo hago
y lo transmito a mis estudiantes, fue una experiencia que tenía que vivir. Sin
embargo a los pocos meses solicité mi baja o retiro de la institución, la cual
fue aceptada, otra experiencia de vida.
Mi familia
Antes
de terminar el cuarto año tomé otra decisión importante, la de hacer familia,
sin haber culminado mi cuarto año de bachillerato cuando ya tenía diez y ocho
años, mi compañera era Celia por cierto excelente persona muy buena madre,
estudiante del otro liceo y que habíamos compartido escenarios en distintos
montajes de teatro. Decidimos casarnos y emprender una nueva etapa, ella
diecisiete y yo diecinueve, de esta relación nace mi primera hija Celimer
Gabriela, quien me enseña todo lo importante de ser papá, una niña talentosa
desde pequeña polifacética, muy sociable, excelente estudiante, a sus nueve
años ya componía bonitos temas, de hecho a sus diez y seis años logramos grabar
un CD con temas de su propia autoría, y también se convirtió en una excelente
contador público, buena hija buena hermana, excelente ser humano, quien al
casarse por segunda vez me dio mi única nieta, Gabriela, hermosa, tan talentosa
como su madre, me sentía tan agradecido a Dios a la vida por este regalo de ser
padre y tener unos hijos tan maravillosos, pero hace tres años y medios, el
quince de Diciembre de 2013 en un accidente con una explosión de gas en un
apartamento, fallecieron mi hija Celimer y mi nieta Gaby, no puedo dejar de
mencionar estos acontecimientos porque aunque duro, es una realidad de la cual
no es fácil escapar, y reconozco que esto cambió mi vida por completo, se
aprende a perder el miedo, se aprende a tener fe, a vivir en agradecimiento, a
elevar el nivel de consciencia y no ha pasado un día desde que partieron que
deje de tenerlas en mi mente en mi corazón. Mi segunda hija es Karla Yicell,
hermosa también talentosa, es la que más se parece a Celi físicamente, una
relacionista pública de profesión, se casó apenas hace un año y medio justo el
día del cumpleaños de vida de su hermana, espero me dé un nieto o nieta, sin
embargo viaja mucho con su esposo por cuestiones de trabajo. Ingrid Karina es
mi tercera hija, que puedo decir de ella, siempre muy buena estudiante
competitiva, responsable, destacada, talentosa, hoy convertida en ingeniera en
producción, en estos momentos vive en Argentina allá trabaja con una empresa se
fue luego de la partida de su hermana, se que ella necesitaba ese cambio y
siempre se los he respetado, aprendí a no cuestionarlos. Y por ultimo mi hijo
Carlos Jesús (digo ultimo porque después que el nació me realicé la
vasectomía),Carlitos siempre fue consentido por ser el más pequeño, pero es
noble, amoroso, recuerdo que un día lo reprendí y cuando me percato que él no
tenía culpa de lo sucedido, me dolió tanto que le pedí perdón muchas veces y en
ese momento aprendí que a los hijos hay que escucharlos, pero sobre todo
amarlos, estudió idiomas y estudió cocina y se graduó de chef, vive en Argentina con su hermana, y sé
que todos ellos son hijos felices, seres humanos felices, y los amo tanto y
como les he dicho a ellos, si en otra vida me toca ser nuevamente su papá los
amaré mucho más de lo que les he
amado en esta.
El teatro
Esta etapa como lo he comentado
comienza cuando estuve en tercer grado presentando la burriquita, tomando en
cuenta que me gustaba participar pero me daba mucha pena, luego al entrar al
liceo, creo que mas me interesaban las actividades culturales que las clases
regulares, sin embargo me gustaba la clase de historia, artística, castellano
porque va con el arte, educación física
por estar fuera del aula, puericultura, para entonces ya escribía algunos
guiones de teatro. Para el año 1976
acepto la invitación de unos compañeros para realizar un montaje con teatro de
calle, la vida pasión y muerte de nuestro señor Jesús Cristo, “Crucifixión
Viviente”, casi todos eran del barrio aunque ninguno de los setenta jóvenes que
participaron eran expertos en
el área, el 23 de Marzo de1978 se presentó la puesta en escena, el
trabajo salió excelente y causó muy buena impresión, logramos aglutinar a más
de tres o cuatro mil personas para esa época, hoy después de cuarenta años aún
las nuevas generaciones mantienen viva esta actividad en el Hatillo con la
Fundación “23 de Marzo” del cual soy fundador.
En el año 1991 montamos Celia y yo
una obra titulada el “velorio”, un trabajo muy bueno de humor reflexivo
presenciada por casi todos los Hatillanos, en esta obra participó buena parte de los compañeros del grupo 23 de
Marzo, e hicimos en Bejuma tres funciones en el año 2004 en el teatro Palermo a
mí llegada a este Municipio. En 1996 “Jesusito de mi vida” una obra con más de
treinta niños en escena en el Hatillo, al siguiente año la obra “Bolívar Aún
Vive” también de nuestra autoría, presentada en el festival de teatro
Bolivariano organizado por el ejército venezolano, apoyando al Batallón Bolívar,
ganando las dos categorías como mejor obra de veinticinco agrupaciones de
teatro, esto me demostraba que la pasión que sentía desde joven por el teatro
era fuerte, y sobre todo, teatro para la gente que no va al teatro, porque
llevábamos la actividad a las comunidades, todo esto antes de llegar Chávez al
poder, quien luego fortaleciera con sus ideas y propuestas el quehacer cultural.
Con mi familia también realizamos
diversos montajes en varios municipios, uno de ellos en el festival de teatro
popular en la casa de la cultura del Municipio Baruta, donde participamos todos
en familia, Celia, Celimer, Karla, Karina Carlitos, dos compañeros y yo, hasta
el pollo que teníamos en casa, con esta obra “El secreto bien guardado” de
Alejandro Casona, ganamos como mejor obra y mejor escenografía y buenos
momentos vividos ,fue con estas
actividades que me di cuenta que mi hija
Celi cantaba y lo hacía muy bien, creo
que de hecho mis hijos aprendieron mucho, por eso son tan abiertos y sociables,
por eso pienso que el teatro sirve para cambiar vidas y lo vengo comprobando en
mi trabajo con los estudiantes en mis escuelas
y en mi vida personal. Al final
de los años 80 fue cuando decidí traer a Bejuma este trabajo de teatro de calle
desde el Estado Miranda, no imaginé cuán importante seria esto para la
generación de jóvenes de la época, solo en 2004 cuando me mudo a Bejuma conozco a mis compañeros José Gregorio, Julio
Uzcategui, Soviet Singh, entendí lo importante y el impacto que este trabajo
había dejado para estos jóvenes, donde inclusive se reunieron y conformaron una
agrupación llamada “Reflejos,” donde le dieron continuidad a este tipo de actos,
de allí nuestra amistad y unión en lo personal y cultural hasta estos tiempos,
amén por eso.
Mi separación y mis logros
Para el
año 2004 tenía 24 años de casado y surge una separación entre mi esposa y yo
(amigable por cierto), decido residenciarme en Bejuma en casa de mi familia
paterna, llegando a este lugar sin proyectos ni sueños debido a la confusión
que causa la separación, no era fácil dejar todo lo que me había acompañado
durante tantos años sobre todo mis hijos,
que estuvieron conmigo y yo con ellos
desde el momento que vinieron a este mundo, pero quizás sin darme cuenta era el
momento de empezar a trabajar el desapego, reconozco que me costó, y a partir de esta etapa a mis cuarenta y cinco
años comienza un nuevo ciclo en mi vida, de reconocimiento, de organización de análisis,
de fe, no sabía por dónde comenzar pero sentía que tenía que hacerlo. Lo
primero era tener un trabajo, había dejado todo, en el Hatillo me dedicaba a
administrar una pequeña agencia de festejos que me produjo una gran experiencia
en la organización de eventos, como también fui vendedor de libros en Caracas
al llegar a Bejuma me propuse vender libros con una empresa editorial en
Valencia, así lo hice por un año, luego alquilé un bar solo durante un año
porque atendía muchos borrachos y supe que eso no era lo mío, durante el tiempo
en el bar inicié mis estudios en Misión Ribas para terminar mi bachillerato, ya
que lo había dejado a los diez y ocho cuando me casé, me agradó porqué mi tío
Arquímedes estaba inscrito y eso me motivó, de hecho en el año 2003 cuando el
presidente Chávez anunció la creación de la Misión Ribas, yo dije esa es la
mía, ya que en Caracas se me hacía difícil porque no podía dejar a mis hijos
tanto tiempo en espera para llegar a la casa, y así empezó en 2005 y logré mi
título de bachiller integral, sin terminar el bachillerato me inscribí en
Valencia en un curso de locución durante un año y trabajé en la emisora Calidad
103.3FM de Bejuma con un programa que se llamó” Historias y Tradiciones”, me acompañó
mi compañero y compadre José Gregorio, duramos dos años y medio, excelente
programa donde homenajeábamos a los
cultores del Eje Occidental, y paralelo a esto una columna que escribía en un
quincenario que se llamaba Contrapeso de
el amigo periodista Leonardo Coronel, donde también aprovechaba para difundir
las actividades y el hecho cultural de los Valles Altos, ese 2005 fue muy
productivo, llega la Misión Cultura, otra propuesta del presidente Chávez, cinco años duró este
compartir de experiencias y aprendizajes, fortaleciendo lo que venía aprendiendo
en la escuela de la vida. Sin embargo me faltaba algo, como mi estabilidad
laboral, estaba estudiando pero necesitaba solvencia económica, en esos días
una amiga me informa que buscaban docente de teatro en una escuela, y allí fui
a dar clases adhonoren en la U.E. Torcuato Manso Núñez de Chirgua, pero siempre
con la esperanza de conseguir el cargo. Llega una propuesta para mi compañero
Julio de trabajar para el Ministerio de la Cultura como operador cultural, pero
ya Julio era coordinador de la casa de la cultura en Bejuma y Gregorio docente
en Santo Tomas, y ellos José Gregorio y Julio me proponen como operador cultural en los tres Municipios,
todo comenzó a tomar forma, empecé a resolver la situación, sobre todo
económica, trabajaba para el Ministerio y me pagaban honorarios profesionales,
pero yo muy agradecido lo poco para mí
era bastante, con el Ministerio trabajé de 2006
hasta el 2012 hasta que la directora de Gabinete me solicitó la renuncia
de forma injusta, ya que al renunciar los cultores de estos Municipios quedaron
sin enlace entre ellos y la institución, sin embargo este cargo me permitió relacionarme no solo
con casi todas las agrupaciones del
Estado Carabobo, sino también con la cantidad de artista y cultores de los
Municipios Bejuma, Miranda, Montalbán y sus parroquias Canoabo y Simón Bolívar
de Chirgua y esta fue mi verdadera ganancia, conocer y aprender de toda esa hermosa gente.
Para el 2011 me entregan el titulo
como licenciado en Educación Mención Desarrollo Cultural, el cual comparto con
mis compañeros José Gregorio, Julio, Soviet por haberme apoyado tanto, a pesar
que un día sentí la necesidad de
regresarme a Caracas, con mis hijos, quizás ansiedad, casi abandono todo, me
detuvo mi hija Celimer, me dijo; “papi piénsalo en frio con calma, estás
logrando muchas cosas allá, no me parece que abandones”, me dolió que me dijera
eso, creí que me diría;”papi aquí está
tu casa, bienvenido cuando quieras”, pero no fue así, y hoy aunque me
cueste se que tenía mucha razón.
El
día que me entregaron el título universitario soñaba con ver a mis hijos
presentes, porque era para ellos ese logro, pero el trabajo no se los permitió,
y solo me quedo entenderlo y aceptarlo, aunque para mí fue muy importante estar
presente con ellos en cada momento especial que tenían, salía de Bejuma a
Caracas cada vez que fuera necesario. Y luego de convertirme en licenciado ya
era interino en la E.E Don Viviano Vargas de Canoabo, ya que durante varios
años fui docente no graduado y al tiempo
me dieron mi titularidad.
Es entonces en este momento cuando puedo
expresar mi agradecimiento por todo lo que me ha tocado vivir y reconocer lo
que tengo a mi alrededor con mis aciertos y desaciertos: tengo unos hijos
maravillosos, buenos hermanos, buenos ciudadanos, aunque me tocó vivir la
experiencia de la partida física de mi hija mayor Celimer y mi nieta Gaby y que
ha sido la más grande experiencia que me ha tocado. Agradezco haber
tenido unos padres que me sembraron
valores, respeto por los demás, honestidad, siento que no he sido mal padre ni
mal hijo, agradezco a mis hermanos y amigos
que han estado presente en todo momento
que les he necesitado, y por ultimo solo me queda decir que me siento un hombre
feliz, agradecido a Dios, a la vida que me ha tocado vivir y cuando parta de
este plano, en mi retorno, quisiera trabajar para ser mejor ser humano.
AMEN.

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